
Give the Gift of Choice!
Too many options? Treat your friends and family to their favourite stores with a Bayshore Shopping Centre gift card, redeemable at participating retailers throughout the centre. Click below to purchase yours today!Purchase HereHome
El declive estructural de la modernidad
Coles
Loading Inventory...
El declive estructural de la modernidad in Ottawa, ON
Current price: $1.99


El declive estructural de la modernidad in Ottawa, ON
Current price: $1.99
Loading Inventory...
Size: Kobo eBook
*Product information may vary - to confirm product availability, pricing, shipping and return information please contact Coles
El malestar como punto de partida
Hay épocas en que la historia parece acelerarse de un modo que desconcierta incluso a quienes la viven. La nuestra es, con toda evidencia, una de ellas. No es solo que los problemas sean graves —siempre lo han sido— sino que su simultaneidad y su entrelazamiento producen una sensación cualitativamente distinta: la de estar asistiendo no a una crisis pasajera, sino a algo más profundo, más parecido a un cambio de estado que a una turbulencia corriente. Esa sensación, difusa pero persistente, es lo que podemos llamar la intuición del declive.
Conviene comenzar por ella precisamente porque es una intuición, no todavía una tesis. Las intuiciones pueden engañar. La percepción del declive es tan antigua como la civilización misma: los romanos del siglo IV creían vivir al borde del abismo, los intelectuales europeos de finales del XIX diagnosticaban una fin de siècle impregnada de decadentismo, y no faltaron pensadores en los años treinta del siglo pasado que veían en el ascenso del fascismo la prueba definitiva del agotamiento de Occidente. Algunos tenían razón; otros exageraban; casi todos simplificaban. La tarea del pensamiento crítico no es abrazar la intuición ni descartarla, sino interrogarla con rigor: ¿qué hay detrás de esta sensación tan extendida de que algo fundamental se está quebrando?
El malestar como punto de partida
Hay épocas en que la historia parece acelerarse de un modo que desconcierta incluso a quienes la viven. La nuestra es, con toda evidencia, una de ellas. No es solo que los problemas sean graves —siempre lo han sido— sino que su simultaneidad y su entrelazamiento producen una sensación cualitativamente distinta: la de estar asistiendo no a una crisis pasajera, sino a algo más profundo, más parecido a un cambio de estado que a una turbulencia corriente. Esa sensación, difusa pero persistente, es lo que podemos llamar la intuición del declive.
Conviene comenzar por ella precisamente porque es una intuición, no todavía una tesis. Las intuiciones pueden engañar. La percepción del declive es tan antigua como la civilización misma: los romanos del siglo IV creían vivir al borde del abismo, los intelectuales europeos de finales del XIX diagnosticaban una fin de siècle impregnada de decadentismo, y no faltaron pensadores en los años treinta del siglo pasado que veían en el ascenso del fascismo la prueba definitiva del agotamiento de Occidente. Algunos tenían razón; otros exageraban; casi todos simplificaban. La tarea del pensamiento crítico no es abrazar la intuición ni descartarla, sino interrogarla con rigor: ¿qué hay detrás de esta sensación tan extendida de que algo fundamental se está quebrando?

















