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El Sol, El Sexo, La Sangre y El Tiempo
Coles
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El Sol, El Sexo, La Sangre y El Tiempo in Ottawa, ON
By None
Current price: $8.09


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El Sol, El Sexo, La Sangre y El Tiempo in Ottawa, ON
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Size: Paperback
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Las novelas postmodernas son adictas de la realidad que aprisiona el corazón de quien escribe, esto sucede con Alejandro Colliard, donde como dicen las primeras líneas, la densidad condena a la ciudad, y escribe la poiesis de la novela. "Dentro del auto de Alicia las imágenes suceden más rápido que Dios", así sucede con la vida, con el amor, con la ira y con el sexo. Esta directriz la respeta la novela Nuestra personaje, bajo el clisé clásico de ser una prostituta, necesita consumir toda la magia de lo efímero para no sentirse desnuda, así como aquella escena en que para cumplir la función, asfixia a su cliente para lograr el deseo. La desnudez no necesariamente significa estar desnudo, vale como reflexiva puntada. Así como las cosas, asfixiamos lo que sea necesario para cumplir el deseo, sea lector o escritor. Bajo la textura neobarroca nos dejamos llevar con sigilo hasta las últimas consecuencias de la rutina que acompaña a la historia. Gustavo Ortiz
Las novelas postmodernas son adictas de la realidad que aprisiona el corazón de quien escribe, esto sucede con Alejandro Colliard, donde como dicen las primeras líneas, la densidad condena a la ciudad, y escribe la poiesis de la novela. "Dentro del auto de Alicia las imágenes suceden más rápido que Dios", así sucede con la vida, con el amor, con la ira y con el sexo. Esta directriz la respeta la novela Nuestra personaje, bajo el clisé clásico de ser una prostituta, necesita consumir toda la magia de lo efímero para no sentirse desnuda, así como aquella escena en que para cumplir la función, asfixia a su cliente para lograr el deseo. La desnudez no necesariamente significa estar desnudo, vale como reflexiva puntada. Así como las cosas, asfixiamos lo que sea necesario para cumplir el deseo, sea lector o escritor. Bajo la textura neobarroca nos dejamos llevar con sigilo hasta las últimas consecuencias de la rutina que acompaña a la historia. Gustavo Ortiz

















