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Los vectores del progreso tecnológico
Coles
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Los vectores del progreso tecnológico in Ottawa, ON
By None
Current price: $1.99


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Existe una narrativa dominante sobre el progreso tecnológico que podríamos llamar el relato del ascenso continuo : la humanidad inventa, mejora y avanza de manera ininterrumpida, como si cada generación construyera sobre los hombros de la anterior siguiendo una escalera lógica y ordenada. En esta versión popular, la rueda conduce al arado, el arado al motor de vapor, el motor al microchip, y el microchip a la inteligencia artificial, todo en una cadena causal limpia y progresiva.
Esta narrativa tiene una poderosa función cultural: simplifica la historia, celebra el ingenio humano y ofrece una sensación de dirección y propósito. Es la historia que se cuenta en los museos de ciencia, en los discursos de inauguración de empresas tecnológicas y en los libros de texto escolares. Pero como todo mito, revela al mismo tiempo que oculta.
Lo que oculta es precisamente lo más interesante: la historia real del desarrollo tecnológico está llena de estancamientos prolongados, de ideas que llegaron demasiado pronto, de tecnologías que existían sobre el papel décadas antes de ser útiles, de cuellos de botella que bloquearon el avance durante años o incluso generaciones. El progreso, cuando se observa de cerca, no es una línea ascendente sino una serie de mesetas interrumpidas por saltos bruscos. Y esos saltos no ocurren porque alguien haya tenido una idea especialmente brillante, sino porque, en un momento determinado, varios sistemas que venían evolucionando de manera independiente y asincrónica coinciden por fin en el mismo punto.
Existe una narrativa dominante sobre el progreso tecnológico que podríamos llamar el relato del ascenso continuo : la humanidad inventa, mejora y avanza de manera ininterrumpida, como si cada generación construyera sobre los hombros de la anterior siguiendo una escalera lógica y ordenada. En esta versión popular, la rueda conduce al arado, el arado al motor de vapor, el motor al microchip, y el microchip a la inteligencia artificial, todo en una cadena causal limpia y progresiva.
Esta narrativa tiene una poderosa función cultural: simplifica la historia, celebra el ingenio humano y ofrece una sensación de dirección y propósito. Es la historia que se cuenta en los museos de ciencia, en los discursos de inauguración de empresas tecnológicas y en los libros de texto escolares. Pero como todo mito, revela al mismo tiempo que oculta.
Lo que oculta es precisamente lo más interesante: la historia real del desarrollo tecnológico está llena de estancamientos prolongados, de ideas que llegaron demasiado pronto, de tecnologías que existían sobre el papel décadas antes de ser útiles, de cuellos de botella que bloquearon el avance durante años o incluso generaciones. El progreso, cuando se observa de cerca, no es una línea ascendente sino una serie de mesetas interrumpidas por saltos bruscos. Y esos saltos no ocurren porque alguien haya tenido una idea especialmente brillante, sino porque, en un momento determinado, varios sistemas que venían evolucionando de manera independiente y asincrónica coinciden por fin en el mismo punto.

















